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Nace en Bogotá el 25 de Agosto de 1923, día
de San Luis Rey de Francia, quizá por esto Mutis no
descarta la influencia de su santo patrono en su devoción
hacía la monarquía.
Sus primeros estudios los realiza en Bruselas,
regresa a Colombia por períodos de vacaciones, luego
estos períodos se extenderían más y mas.
Y Mutis viviría en una finca de café y caña
de azúcar que había fundado su abuelo materno.
La finca Coello se encuentra en las estribaciones de la cordillera
central.
Mutis señala: "todo lo que he
escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese
rincón de la tierra caliente del que emana la sustancia
misma de mis sueños, mis nostalgias, mis temores y
mis dichas".
No recuerda que no hay una sola línea
de su obra que no esté referida en forma secreta o
explícita al mundo sin límites que es para él
ese rincón de la región del Tolima. En un último
intento para lograr el diploma de bachiller, se matricula
en el colegio mayor de Nuestra Señora del Rosario en
Bogotá. Su profesor de literatura española fue
el notable poeta colombiano Eduardo Carranza y a dos cuadras
del colegio estaban los billares del café Europa y
el café París. Las clases de Carranza, sostiene
Mutis: "son para mí, una inolvidable y fervorosa
iniciación a la poesía, el billar y la poesía
pudieron más y nunca alcancé el mirífico
título".
Un tiempo después trabaja en la emisora
Nuevo Mundo, allí reemplaza a Jorge Zalamea en la dirección
del programa "actualidad literaria". Conoce a Hernando
Téllez y Eduardo Zalamea Borda y trabaja en la Radiodifusora
Nacional de Colombia como locutor de noticias. Dirige la revista
"vida" y publica sus primeros textos en el periódico
"La razón".
En 1950 inicia su amistad con Gabriel García
Márquez, dos años más tarde viaja a México
y en la editorial Losada publica su primer libro "los
elementos del desastre".
Allí conoce a Octavio Paz, Juan José
Ameola, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Helena Poniatovska y Luis
Buñuel.
Si bien Mutis hubiera querido vivir en la
época de Felipe II, en un basto palacio madrileño
con una pequeña corte de enanos y monstruos, México
ha sido el lugar donde reside desde hace más de 40
años.
Antes de publicar "los trabajos perdidos";
publica en revistas algunos trabajos reconocidos como "diario
de Lecunberry y reseña de los hospitales de Ultramar.
Dicta conferencias en la casa del Lago de la Universidad Nacional
Autónoma de México dedicadas a Valery Lavoa,
Joseph Conrad y Marcel Proust.
Concluir un libro, un trabajo, dice Mutis,
produce una sensación de muerte, todo trabajo de creación
concretamente poética es un proceso mortal. A medida
que va dejando esos testimonios el poeta va muriendo y nada
lo revive, va decayendo, creo que por eso Rambaud murió
tan joven.
Otros de sus libros conocidos: La mansión
de Araucaima, la suma de MacCroll el gaviero, la nieve del
almirante primer volumen de la trilogía empresas y
tribulaciones; Ilona llega con la lluvia y un bel morir.
Se ha destacado como narrador y poeta y ha
recibido innumerables galardones entre los que destacan el
premio Javier Villa Urrutia, Príncipe de Asturias,
Reina Sofía de poesía iberoamericana y el premio
Miguel de Cervantes.
El autor: "Yo entré en la Radio
Nacional, pretendiendo reemplazar a Jorge Zalamea nada menos
en un programa que se llamaba "actualidad literaria"
a los 20 días el director de la radio Nacional, Gabriel
Giraldo Jaramillo, me dijo: "mire Mutis, reemplazar a
Zalamea no va a poder usted, ni se va a poder seguir porque
en fin, no tiene todavía la preparación, pero
en cambio tiene usted muy buena voz, ¿por qué
no entra como locutor y radioactor"; le dije perfecto,
magnífico y entonces fui locutor de noticias, lo que
nadie me dijo era que tenía seis boletines de noticias
y que tenía que escribirlos, ir por la noticias.
Naturalmente descubrí después
un truco muy sencillo que era ir a la Imprenta Nacional y
ver los materiales del diario oficial donde estaban los decretos
y después, de vez en cuando, ir a ciertos Ministerios
donde estaban los problemas. Allí conocí a Abelardo
Forero Benavides, por ejemplo, que era ministro de Trabajo;
al doctor Darío Echandía (un tolimense adorable).
Los entrevistaba y llegaba a toda carrera, escribía
en máquina, porque una de las cosas que mi madre me
exigió, era que aprendiera algo en la vida, por lo
menos mecanografía.
Fui muy feliz en esa época, conocí
a Colombia desde el centro, desde el gobierno. Después
entró Fernando Plata Uricoechea de director y allí
trabajé y claro, entre noticiero y noticiero, y entre
ministerio y ministerio oía a Sibellius, Chopín,
Schubert, Bach, en unas versiones maravillosas.
Tuve la oportunidad de perderme en la música
que para mí es como una droga. Yo no necesito ninguna
clase de droga porque la música me reemplaza inmediatamente.
Yo considero a Proust como uno de los escritores más
grandes de este siglo y de todos los tiempos, decir porque
me parece esto sería entrar en una especie de clase
de preceptiva literaria que es una de las cosas que más
odio.
Lo que es admirable es Proust, es la lección
que nos da del uso de la memoria que consiste en desconfiar
profundamente de los mensajes y de las imágenes que
nos trae la memoria y al mismo tiempo descansar en ellos porque
no tenemos más.
Lo que nos pasó nos pasó y eso
es de lo que disponemos para contarle a los hombres, nuestra
palabra y lo que pensamos del destino común que tenemos
con ellos. En eso Proust ha ido más lejos que nadie,
su vida es una vida profundamente interesante porque ese hombre
que parecía un snob y un hombre dedicado a frecuentar
los salones, cuya ascendencia judía le colocaba en
la gran sociedad de la aristocracia francesa con una cierta
marginalidad; este hombre secreto mientras tanto estaba destilando,
viviendo, mirando, calculando profundamente desde una cercanía
impresionante, todas las debilidades humanas, todos los movimientos
del alma, todos los cambios de carácter de los seres
frente a otros seres y frente al mundo.
Esta observación prodigiosa la vertió
después en un trabajo que le costó la vida,
eso es una cosa que muy poca gente recuerda, él se
encierra y todos los amigos decían como lo digo yo
en el poema "estas enfermedades que inventa Marcel",
se estaba muriendo, agotando, porque escribía toda
la noche y trabajaba incansablemente en esos ocho tomos prodigiosos
y admirables.
A mí ese sacrificio de la vida por
las letras y por la literatura, cuando la literatura tiene
ese carácter, repito la palabra "visionario",
me parece de una grandeza admirable".
A propósito de la obra de Mutis, Jaime
García Terrés escribe lo siguiente: "conocí
a Mutis a los pocos días de su arribo a México,
en la segunda mitad de los años cincuentas, llegó
a casa de los García Scott, en donde charlábamos
con un grupo de amigos que por entonces nos reuníamos
con frecuencia, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan García
Ponce, Héctor Mendoza, Juan Soriano, Helena Poniatovska;
pero no estoy seguro de ausencias y presencias en aquella
ocasión precisa, ni siquiera de la fecha exacta de
aquel encuentro.
Lo que bien recuerdo es que Álvaro
llegó como un huracán de palabras, condenando
a los infiernos al grueso convencional de la literatura hispanoamericana
y glorificando la décima parte de lo que restaba. No
nos parecieron malos juicios, ni las proporciones tampoco
dejaron de divertirnos. Sus descripciones ulteriores de algunos
número apócrifos, por ejemplo, una viable monografía
francesa de una revista, ya desaparecida, parisiense "le
groupe loue".
Decía Mutis: intento escribir, mantener
intacta mi infancia y esa visión doble del mundo que
tuve cuando era niño; por un lado la visión
europea esencialmente de Bélgica, las tierras planas
de Flandes que para mí tienen una presencia inmensa,
esas brumas maravillosas, todo este mundo de los mercaderes
y de los comerciantes de tejidos, mezclado con los viajes
a Colombia en la tierra cafetera que nosotros llamamos la
tierra caliente. Yo hubiera querido vivir en un mundo que
me permitiera cumplir en forma continua, fecunda, con un deber
muy preciso al servicio de un ideal grande, noble siempre
de orden trascendente.
Todos los premios - el premio
Gabriel García Márquez
escribió en sus notas de prensa: "se ha dicho
muchas veces que los más grandes escritores de los
últimos 80 años, se murieron sin el premio nobel,
es una exageración pero no demasiado grande, León
Tolstoi cuya novela "La guerra y la paz" es sin
duda la más importante en la historia del género,
murió en 1910, a la edad muy nobiliaria de 82 años,
cuando ya el premio nobel se había adjudicado diez
veces".
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